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Tolima es café

Inicios de la caficultura del Tolima

Cuando el General Antonio Nariño ordenó sembrar árboles como símbolo de libertad en todo el territorio colombiano, alguien cuyo nombre jamás conocerá la historia, sembró una mata de café en la Plaza de Ibagué. El ritual se repetía por diversos motivos en la naciente patria.

Más de 200 años separaban al cafeto de la Plaza de Ibagué, de los tiempos en que Antoine de Gailland tradujo “El éxito del café” uno de los más antiguos textos sobre el café, escrito por Abú- Bek. El hecho no tendría mucho significado, de no ser porque Gailland, tradujo también las Mil y una Noches, los maravillosos relatos de Sherezada, quien espera, con el poder de su palabra, aplazar la muerte que ha de llegar al amanecer.

La ceremonia inmemorable tiene lugar cada mañana: el cielo es el mismo, el tiempo ha pasado desde Bagdad hasta una Nueva América, desde Yemen y Etiopía donde nació el maravilloso fruto, hasta esta Capital Musical de ocobos que fl orecen y donde todavía, un sorbo de café inicia el milagro de la vida en cada madrugada.

El café es parte del alma del departamento del Tolima y creció con él, cuando empezaron a sembrarse los primeros cafetales en la extensa meseta de Chaparral, en las montañas y laderas empinadas de Líbano y Rovira, y en haciendas como El Vergel y Ancón, hoy barrios de lo que entonces fuera Ibagué, una ciudad pequeña, en la que hacia el año de 1929, comenzó la historia del Comité Departamental de Cafeteros del Tolima, nacido de los estatutos de la también recién creada Federación Nacional de Cafeteros.

El Comité del Tolima

En un espacio que compartían con la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), quienes representaron en los comienzos los intereses de los cafeteros, se reunían periódicamente para marcar el rumbo del naciente Comité. Casi 80 años los separaban de la época en que el Gobernador de la provincia de Mariquita, José Uldarico Leiva, enviara una circular a los alcaldes promoviendo el cultivo del café, alabando sus ventajas para los agricultores.

De ese primer Comité de Cafeteros se recuerdan como miembros principales nombres como Claudio Rengifo, Emiliano Mejía, Abelardo Rico, Francisco Castilla y Miguel Mejía, como miembros principales. Como suplentes estaban Julio Salazar, Ricardo Ariza, Jaime Jaramillo, Antonio Mejía y Jesús Arango.

Eran tiempos difíciles para la economía mundial y habían quedado atrás los años en que la sociedad Rocha Hermanos, la más importante en su momento, iniciara un pujante intercambio comercial con Londres y Nueva York, grandes metrópolis hasta donde llegaba el café que se sembraba en La Aurora, una hacienda de 10.000 hectáreas en el corazón del Líbano, cuyos paisajes eran marcados por el rojo granate de las matas de café que reflejaban los rayos del sol al caer la tarde.

Era necesario reactivar la vida del campo, que había sido afectada como consecuencia de la Guerra de los Mil Días. La prosperidad de las haciendas se vio mermada por el enfrentamiento, que hizo caer los precios, entorpeció los transportes y desoló los campos.

Devolver la confianza a las comunidades campesinas y a los productores de café, fortalecer la organización del sector cafetero, mejorar las condiciones del precio, construir procesos de formación que optimizaran continuamente el quehacer  en los campos y veredas, blindar a los cafeteros frente a la inestabilidad del mercado, fortalecer la industria cafetera, fueron parte de las primeras tareas emprendidas por estos primeros directivos gremiales.

Fue así como se le dio vida a los Comités Municipales de Cafeteros, que han trabajado sin descanso por el progreso del campesino y por el engrandecimiento y bienestar de la industria del café en su respectivo municipio.

Cumplidos 80 años de su fundación, el Comité de Cafeteros del Tolima cuenta con un saldo positivo en su incesante lucha por representar al gremio caficultor y fortalecerlo.

Han sido 80 años de labor, de esfuerzos profundos por ganar la confianza de los productores y del mercado, por fortalecer la región, por saldar las diferencias que han azotado al departamento.

La historia del Comité es la de la constancia y la fe en que todo es posible si se trabaja a diario para cumplir los sueños.

 82 años de jalonar el desarrollo del Tolima

82 años de querer que el rojo del tricolor de la bandera, deje de representar la sangre que se derrama día a día, para que sea reemplazada por el rojo del café que cubre las montañas y laderas del fértil paisaje tolimense, 80 años de vivir ese acto de fe que implica ser colombianos, esa fe que se toma en un sorbo de café, esa fe que nos dice con certeza que mañana será un nuevo día, y que nos recuerda las palabras de Yezid Melendro en el VI Congreso Cafetero de 1934: “Comprendimos entonces y comprenderemos siempre, que en la Federación no hay liberales ni conservadores, en la sectaria expresión del vocablo: aquí no somos sino cafeteros. Todos comprendemos que en el campo del trabajo, en la lucha diaria sobre el surco, liberales y conservadores somos iguales, e iguales vamos sembrando en la entraña de la tierra: para nuestros hijos, la semilla fecunda de riqueza y bienestar, y para la patria, el germen de su grandeza”.

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